El cauce que da vida al municipio
El Río Atengo es uno de los tesoros naturales del municipio, con una longitud aproximada de 41 kilómetros. Nace de dos vertientes que se unen para dar origen a su cauce, convirtiéndose en una corriente vital que acompaña la vida de la región.
A diferencia de muchos ríos del país, el Río Atengo conserva aguas más claras y menos afectadas por la contaminación, lo que lo convierte en un espacio privilegiado para el contacto con la naturaleza. Sus paisajes ribereños invitan a la contemplación y al descanso, en compañía de la flora y fauna que aún encuentran refugio en sus márgenes.
Visitar el Río Atengo es descubrir un escenario donde la frescura del agua y la serenidad del entorno se unen para ofrecer al visitante una experiencia auténtica y memorable.
Entre los lugares más frecuentados a lo largo del cauce se encuentran:
- Las mesitas del parque: distribuidas en distintos puntos dentro del parque lineal de la ribera.
- La presita: a pocos metros del puente colgante, aguas arriba.
- Charco de Goya: en la parte sur de la cabecera municipal, entre el puente colgante y el puente del libramiento.
- Charco del Salitre: en la comunidad del mismo nombre, desde el vado de cruce hasta Los Laureles.
- Charco del Aguacate: en la comunidad homónima, desde el rancho hasta los lindes con la delegación de Soyatlán del Oro.
- Otros puntos de interés: que se descubren a lo largo del recorrido del río.
Las actividades recomendadas incluyen:
- Pesca recreativa: principalmente de carpas y tilapias.
- Picnic en la ribera: preparar lo que se pesque o llevar alimentos para disfrutar en el lugar.
- Nadar en los charcos: en puntos donde la profundidad lo permite gran parte del año, como el Charco de Goya o el Charco del Salitre.
- Paseos en kayak o similares: con áreas suficientes para recorrer un buen trayecto sobre el agua.
- Caminatas y paseos en bicicleta: siguiendo la ribera y disfrutando del paisaje.
- Espectáculo de los coyucos: en tiempos de lluvias, por la noche, especialmente en el Charco de Goya, cuando el río se ilumina con destellos naturales que sorprenden a propios y visitantes.
Tip local: preguntar a habitantes por accesos a los charcos menos conocidos, suelen ser rincones muy tranquilos.



