La fiesta que celebra el regreso de la Patrona de Atengo
La Romería de la Virgen de la Natividad de Atengo es una tradición religiosa que se celebra desde el año 1615, con más de cuatro siglos de historia que han marcado la identidad del pueblo. Solo se interrumpió durante la Guerra Cristera (1926-1928), cuando se prohibió el culto, lo que la convierte en una de las romerías más antiguas de América Latina.
Cada 30 de agosto, la fe se hace camino: a las seis de la mañana, en el Templo de Santo Santiago Apóstol de Tenamaxtlán, se celebra la misa de despedida. Al concluir, inicia el recorrido de nueve kilómetros a pie, acompañando la imagen hasta su santuario en la Basílica Lateranense de Atengo. Al mediodía, el pueblo recibe con júbilo a la veberada imágen con una misa de bienvenida, que marca el regreso de la Virgen a su casa.
La romería ha llegado a convocar a más de 25 mil personas entre habitantes y visitantes. Puede parecer una cifra modesta frente a la multitudinaria romería de Zapopan, pero en un pueblo de apenas 2,500 habitantes, reunir diez veces esa cantidad en un solo día es un acontecimiento descomunal. Las calles se llenan de música, plegarias y color, convirtiendo el primer cuadro en un escenario vibrante de fe y tradición.
Además, esta celebración marca el inicio de las fiestas patronales de Atengo, que se prolongan con actividades religiosas, culturales y festivas. Durante varios días, el pueblo se viste de feria, con danzas, música, juegos pirotécnicos y convivencias que refuerzan el sentido de comunidad.
Para garantizar la seguridad y el bienestar de los peregrinos, a lo largo de la ruta se instalan puntos de hidratación y apoyo, donde los participantes pueden descansar y reponerse. Asimismo, la carretera se cierra durante el recorrido, dando paso exclusivo a la romería y convirtiendo el trayecto en un espacio de fe compartida, libre de tránsito vehicular.
Participar en la Romería de la Virgen de la Natividad es vivir un legado que ha resistido el paso del tiempo y que hoy se experimenta con toda la fuerza de una fe encarnada en su pueblo. Una experiencia única que invita a propios y extraños a ser parte de la historia y la devoción de Atengo, Jalisco.







